¿Cómo podemos comernos esto?

Podría parecer que un inspector de Sanidad va a venir en cualquier momento a sacarnos de la boca la cuchara de olla podrida y a ponernos en cuarentena. Cero apetecible y con visos de que habrá que tomar Fave de fuca después, es el atascaburras… Y la cara de póker que se te queda cuando te dicen: “vamos a comer follados”, es de campeonato, porque no sabes si es que hay que ir rápido o si… bueno, la opción b. ¿Que toda nuestra tradición gastronómica está llena de platos maravillosos? Sí, pero hay algunos nombres que se las traen… Porque nos hacen levantar una ceja, porque nos recuerdan a otras cosas, porque directamente suenan horribles… Sea como fuere, aquí está el podio de los alimentos y recetas con nombres ‘perturbadores’.

Ya lo hemos adelantando, el atascaburras es de nuestros favoritos por la potencia sonora de la palabra y del mensaje. Para los neófitos, se trata de un plato de origen manchego a base de patatas y bacalao, que tradicionalmente se come cuando nieva.  Su nombre, dice la historia, se debe a que tiene la capacidad de ‘saciar hasta a las burras’, ya que tiene un alto contenido calórico -que es la forma bonita de decir que engorda-. Según la leyenda, dos pastores se quedaron aislados tras una nevada y sin muchos recursos, echaron a la olla unas patatas, unas espinas de bacalao y regaron todo con abundante aceite de oliva para poder machacarlo y llenarse bien el estómago para sobrevivir. -No sabemos si lo hicieron a la nevada y/o a la digestión-.

Inevitablemente en nuestra lista tenían que estar los chochos. Que son los altramuces de toda la vida pero mucho más graciosos y escandalizadores. Así los llaman por ejemplo en Andalucía o Extremadura. Y es que esta increíble legumbre nos da muchas alegrías en la cocina, se pueden comer tal cual saladitos como pipas; se pueden aplastar y hacer ‘chochummus’; su harina se utiliza para hacer ‘chochopanes’; ponerlos como acompañante de prácticamente cualquier plato; tiene muchas propiedades beneficiosas; es muy barato… en definitiva, ¡es una maravilla de alimento! Lo que no tenemos muy claro con respecto al nombre es qué fue primero, si el huevo o la gallina.

Por culpa de la escasez y gracias al ingenio femenino ha llegado a nosotros un plato con el nombre de engañamaridos, que no apela al adulterio sino a la imaginación y al aprovechamiento inteligente. Son una especie de croquetas de huevo y la historia cuenta que las señoras se las hacían a los maridos haciéndoles pensar que eran de carne -con mayor o menor porcentaje de éxito dependiendo del caballero-. También se denominan huevos tontos -quizás el porcentaje fuera alto…-.

Otro que no suena tan horrible aunque dista mucho de ser apetitoso es la ropa vieja. Aquí lo conocemos como la forma de sacar adelante los restos del cocido o del puchero -con permiso de nuestras amadísimas croquetas-, aunque no nos adjudicamos su invención ya que es una receta que traspasa fronteras y la podemos encontrar en todo el mundo, sobre todo en Latinoamérica -al fin y al cabo a nadie le gusta tirar comida-. El nombre deriva del parecido de las hebras de carne desmenuzadas con trozos de ropa deshilachada… Por esta vez, pase.

Como hemos señalado antes, el nombre de olla podrida se las trae y debe ser que los españoles estamos muy apegados a nuestras tradiciones pero no nos explicamos cómo a algo así no le hemos cambiado ya el nombre… Realmente es un plato muy antiguo ya que se le considera ‘la madre’ de los pucheros y cocidos actuales. Por lo general lleva legumbres, verduras, varios tipos de carne, tocino y chorizo. Y no es que los ingredientes estuvieran podridos ni mucho menos, hay teorías que apuntan a que el nombre hace referencia al aspecto que toma la mezcla tras las largas horas de cocción pero otros autores señalan que se trata de una mala traducción del original latino ‘olla poderida’, que significa ‘de clase pudiente’, por el coste que tenían en la antigüedad los productos cárnicos. Nos quedamos con esta versión sin duda.

Un pobre pez del que nos apiadamos y le dedicamos unas líneas es la japuta. Ella prefiere palometa pero algún desalmado le puso ese apodo en algún rincón de España y le está costando deshacerse de la ‘mala fama’. Seguramente por culpa de las críticas, son unos peces que viven entre los 100 y los 400 metros de profundidad y suelen pasar la mayor parte de su vida solos. A pesar del feo que le hicimos a este desgraciado animal, nos aporta muchas proteínas, tiene un precio muy asequible y admite muchos tipos de preparación. En nombre de todos, te pedimos perdón querida japuta.

Para terminar nos quedamos con el follado. Podríamos contaros que el nombre viene del gallego folla, que significa hoja, o cualquier otro origen ilustre, pero acabaríais soltando una risita igualmente. Aparte del nombrecito, se trata de una vieja receta del norte de España, que como la mayoría de nuestros platos típicos, juntaban un par o tres de ingredientes muy sencillos para terminar haciendo algo contundente, potente, calórico y prohibido -ahora en plena operación bikini no queremos ni verlo-, para tener bien de energía. El follado, en resumen, viene a ser una especie de crepe a lo bestia, con tocino o bacon. El que no haya empezado con la dieta ya, puede probarlo porque a estas alturas ya no llega a lucir palmito en la playa, lo sentimos.

Y hasta aquí nuestro irreverente, alborotador, rebelde e inconveniente recorrido por la gastronomía de nuestro país. Prometemos portarnos mejor la próxima vez y hacer un listado de recetas ‘cuquis’ con la historia de los cupcakes con forma de unicornio o algo así. Una de cal y otra de arena, ¡que las chicas Aires somos todoterreno!

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